Para empezar, el morfopsicólogo observa y describe las diferentes partes del rostro siguiendo un protocolo de observación: empieza primero con la forma de la cara, luego los receptores sensoriales, la relación entre los receptores y el rostro, el modelado, la tonicidad, el nivel dominante del rostro, los movimientos dominantes y los antagonismos.

Después hace una síntesis de las distintas partes observadas. Hace siempre referencia al conjunto, como un buen traductor que se refiere al sentido general de una frase para elegir la traducción exacta de una palabra. Analiza cómo las distintas partes del ‘puzzle’ interactúan, se combinan o se oponen entre ellas. A partir de allí, el morfopsicólogo deduce el funcionamiento y las aptitudes de la persona, a nivel intelectual (el tipo de pensamiento y de inteligencia), afectivo (las relaciones) e instintivo (el aspecto material y físico).