Si la transformación de la cara es rechazada por la persona porque la considera como una mutilación, esa persona vivirá con un rebote estéril y su conducta general tenderá a desequilibrarse.

Si la transformación es aceptada y la persona reconoce su identidad en su nueva morfología, aunque haya sido una mutilación, ese cambio puede servir de palanca para desarrollar su personalidad y evolucionar en direcciones no sospechadas antes de la modificación facial.

Lo mismo pasa con el envejecimiento que puede generar un rebote o una resignación, o una aceptación serena con una elevación de la mente.